El Minimalismo como Forma Radical de Individualismo

individualidad

Me tropiezo con un par de ensayos muy interesantes y muy críticos del minimalismo, y también muy interesante el hecho de que a pesar de que provienen de extremos ideológicos opuestos, coinciden en la razón central que fundamenta su anti-minimalismo:

  • Antonio Martínez, escribiendo para el portal Catholic.net, arranca su ensayo dejando claro que en cierto sentido simpatiza con el minimalismo “utilizado de manera franciscana”, con lo que tiene en común con la peregrinación que “es siempre una aventura minimalista”, con el anti-fascismo de la arquitectura de la Bauhaus, con la idea de que “el existencialismo y su estética también eran minimalistas”, lo cual ve reflejado en “el estilo de vida existencialista de Edith Piaf y sus jerseys negros” que se oponen a la ideología tecnocrática y consumista de la década de los 50; pero igual nos asegura que el minimalismo contemporáneo va por el mal camino del “encapsulamiento individualista, la mística del individuo occidental que se niega a salir de su propia subjetividad. Encerrado en la cárcel invisible de sí mismo, se refugia en un universo taoísta de silencio y transparencia, pero pagando el tributo de una profunda soledad”. Y el catolicismo de Martínez lo lleva a ver el mejor ejemplo de ese individualismo venenoso, oh sorpresa, en el homosexualismo, al que “…le gustan los trajes negros y precisamente minimalistas, igual que… el vello corporal depilado… en sintonía con el esteticismo audiovisual imperante y con la melancolía del hombre actual”.
  • Mientras tanto, en la sección de cultura de El País, Carlos Salinas reflexiona sobre por qué “El poeta latinoamericano ya no hace la revolución”. Nos cuenta que salvo raras excepciones como Ernesto Cardenal, “…los poetas jóvenes han dejado atrás el compromiso político, que caracterizaba a vates como Mario Benedetti o Pablo Neruda”. La poeta nicaragüense Gioconda Belli nos dice que “…Ha habido una desconexión entre la poesía y la gente, lo que tiene que ver con una poesía más individual, más hermética, más cerrada”. Para resumir, Salinas nos caracteriza la escencia de la poesía contemporánea con tres adjetivos que entiende como cuasi-sinónimos: “individualista, minimalista, nihilista”.

Queda claro que para ambos autores, el minimalismo está estrechamente relacionado con una actitud egoísta, antisocial

Y que además, para ambos autores el individualismo y el egoísmo antisocial son prácticamente lo mismo.

El que dos escritores con idologías tan opuestas coincidiesen en su visión del individualismo me recordó un esclarecedor ensayo de Roderick T. Long1 en el que nos recuerda que la noción atomista del individualismo implícita tanto en el artículo de Martínez como en el de Salinas, y que se ha convertido prácticamente en la definición convencional del término, contrasta fuertemente con una rica tradición que propone una versión orgánica del individualismo en el que la persecución racional del interés propio es perfectamente compatible con una concepción esencialmente social y altruista de la naturaleza humana.

Los indiviudalistas orgánicos rescatan el clásico concepto griego de eudaimonía, según el cual la vida virtuosa es la más feliz de las vidas; y de que una de las virtudes fundamentales que contribuyen a la eudaimonía es el desarrollo de un interés genuino y no instrumental por los demás.

El minimalismo existencial es totalmente coherente con esa noción orgánica de individualismo y su concepción eudaimónica del interés propio, pero antes de establecer los paralelos más importantes entre los dos paradigmas conviene repasar un poco más a fondo algunos argumentos del ensayo de Long.

Bases intelectuales del individualismo

  • La versión atomista de individualismo se hizo predominante en occidente gracias a la enorme influencia del trabajo de Thomas Hobbes en la filosofía política contemporánea. Aunque Hobbes defendía la legitimidad moral de que cada quien persiguiese su propio interés, veía los intereses humanos como naturalmente conflictivos, por lo que consideraba que el orden social no emergería al menos que fuese impuesto a través de mecanismos políticos autoritarios. Además de Hobbes, Max Stirner y hasta cierto punto Friederich Nietzche también contribuyeron al predominio de la visión atomista del individualismo.
  • El Leviatán de Thomas Hobbes

    El Leviatán de Thomas Hobbes

  • Long argumenta que la versión orgánica del individualismo, al concebir a los intereses individuales como intrínsecamente armoniosos, es más merecedora del título individualismo radical que la versión atomista porque los organicistas sostienen su posición individualista en una variedad más amplia de asuntos: aunque coinciden con los atomistas en su individualismo motivacional, tanto metodológica como normativamente,2 al concebir los intereses humanos como armoniosos y la cooperación social como natural, también son individualistas sociales, alentando la autonomía y la independencia; y además son individualistas políticos y económicos, en el sentido de que confían en que el orden social emerge sin necesidad de que sea impuesto por una autoridad coercitiva.3
  • Aunque ningún representante de la versión orgánica del individualismo llegó nunca a tener por sí solo la influencia intelectual que tuvo Hobbes, contó con prominentes exponentes seminales en una amplia variedad de corrientes intelectuales que abarca desde el liberalismo radical, el socialismo libertario, el anarquismo individualista y el nihilismo ruso decimonónicos, a la escuela austríaca de economía y el socialismo liberal alemán en el siglo XX.4

Antecedentes grecorromanos del individualismo radical

Aunque existen claras referencias que son perfectamente consistentes con el paradigma atomista del individualismo, como en el trabajo de Antifón y Platón5, Long resalta que el individualismo radical tiene tantos o incluso más antecedentes grecorromanos:

  • Una de las analogías más famosas con las que Aristóteles ilustra la socialidad intrínseca de la naturaleza humana es la que equipara la relación del individuo con el estado a la de la mano con el cuerpo, no en el sentido de que los intereses del individuo deben sacrificarse en favor de los del estado, sino que el individuo es entendible, y puede existir y desarrollarse como el tipo de ser que es, solo en el contexto del estado. Los individualistas radicales, siendo en su mayoría anarquistas o cuasi-anarquistas, disienten con esta posición, pero no cuestionan la socialidad del individuo que la analogía pretende ilustrar, sino la identificación de sociedad con estado que hace Aristóteles. Los individualistas radicales sostienen que gracias a que los individuos están orgánicamente relacionados a la sociedad es innecesario imponerles ningún tipo de esquema gubernamental compulsivo.6
  • A pesar de que la sociedad grecorromana era una civilización patriarcal que admitía la esclavitud, glorificaba el valor marcial, denigraba el comercio, el trabajo productivo, y en general celebraba una ética de la dominación, todo lo cual claramente contradice los valores fundamentales del individualismo radical, Long nos recuerda que también existieron importantísimas vertientes libertarias en el pensamiento clásico: Aristóteles manteine que los seres humanos son “más políticos” que otros animales sociales porque sus interacciones son gobernadas por el logos, el discurso razonado sobre el bien común, y que someter despóticamente al vecino es un modo antipolítico de interacción. Cicerón observa que “existen dos formas de conflicto: uno en base a la discusión, otro en base a la fuerza; el primero es apropiado para el hombre, el segundo solo para las bestias”. La crítica de Alcímedes a la esclavitud es famosa, al igual que la de Platón hacia la subyugación de las mujeres.7
  • El Trabajos y Días de Hesíodo celebra el trabajo productivo y critica los valores aristocráticos y guerreros, y contrasta los beneficios de la competencia comercial con los efectos destructivos de la competencia militar. Los estoicos también defienden el comercio y debaten sutiles temas sobre ética de negocios. Contra las críticas de Platón, Aristóteles defendía la propiedad privada, anticipando argumentos de tragedia de los comunes. Cicerón fue aún más lejos; siguiendo al estoico Panecio de Rodas, y anticipando a John Locke, propuso la protección de la propiedad como función central y justificación del estado.8 Fue a partir de una fusión de argumentos Aristotélicos y Estoicos que los economistas escolásticos desarrollarían la primera defensa sistemática del libre mercado. La decadencia romana que habría de llevar al feudalismo puede entenderse como causada fundamentalmente por la subsumisión y supeditación de la identidad individual al territorio que se establece con el Edicto de Teodorico.

Estos ejemplos develan que no existe una dicotomía entre la ética pro-dominación del mundo clásico y la ética libertaria del individualismo, y que de hecho, la primera contenía semillas que más tarde fueron desarrolladas por la segunda.

Más en general, los individualistas radicales muestran una marcada tendencia a ser sospechosos de las falsas dicotomías y a abocarse a trascenderlas, lo cual es en sí misma una herencia aristotélica.9

He aquí el primier punto de encuentro entre el individualismo radical y el minimalismo existencial, cuya máxima “menos es más” plantea la trascendencia de lo que convencionalmente se concibe como una dicotomía fundamental.

Clasicismo y minimalismo también armonizan bien estéticamente: La Mañana de Georg Kolbe en el Pabellón de Barcelona de Mies van der Rohe

Clasicismo y minimalismo también armonizan bien estéticamente: La Mañana de Georg Kolbe en el Pabellón de Barcelona de Mies van der Rohe

Otra tendencia importante en la tradición del individualismo radical es el dilucidar las contradicciones que hay entre el tema central de ciertas ideas y su uso convencional. El ensayo de Long es en sí mismo un ejemplo: el término “radical” tiende a tener una connotación convencional negativa, identificándose con “violento” o “peligroso”, por lo que tiende a asociarse con el individualismo atomista y su concepción egoísta y antisocial de la naturaleza humana. Recuperando el verdadero significado del término “radical” como la disposición a mantener un principio hasta sus últimas consecuencias lógicas, Long demuestra que el término es más adecuado para la versión orgánica del individualismo.

Este tipo de razonamiento es también típico del minimalismo existencial, y quizás el ejemplo más claro es su cuestionamiento de la noción convencional de la felicidad en la sociedad contemporánea, proponiendo que una gran parte de las cosas que típicamente consumimos, las relaciones que establecemos, las actividades que realizamos y los proyectos a los que dedicamos nuestro tiempo y energía, son innecesarios o contraproducentes para generar significado en nuestras vidas.

El que el minimalismo existencial ponga al significado como medida central de la felicidad y la buena vida alude directamente a la eudaimonía: lo que aporta significado a nuestras vidas es el vivirla de acuerdo a un conjunto de virtudes que vamos desarrollando a medida que la vivimos. Y el minimalismo, al igual que el individualismo radical, se ocupa en gran parte de reflexionar sobre cómo desarrollar esas virtudes. Podría decirse que dado su enfoque en celebrar y promover un conjunto de virtudes, el minimalismo existencial es una forma moderna de lo que los romanos clásicos denominaban religio.

Y como dijimos al principio de esta entrada, una de las virtudes centrales que el individualismo radical celebra y rescata de la tradición grecorromana es el genuino interés por los demás. El Protágoras de Platón plantea que la sabiduría política que permite a la gente cooperar espontáneamente proviene de la capacidad humana para desarrollar espontáneamente un gusto inherente por la justicia, la amistad y el orden, y un sentido de aidos (término que puede significar tanto “respeto” como “vergüenza”).

Al igual que Protágoras, los individualistas radicales ven al ser humano como capaz de desarrollar lazos cooperativos espontáneamente, sin necesidad de que sean impuestos por una autoridad: John Locke planteaba en contra de Hobbes que los individuos en una sociedad sin estado reconocerían una ley moral basada en su humanidad común, y así encontrarían más fácil mantener la cooperación mutua de lo que Hobbes suponía; David Hume escribió sobre cómo la cooperación emerge tácitamente, sin necesidad de acuerdos explícitos; y Adam Smith planteó que la cooperación social beneficiosa emerge sin la necesidad de que nadie la planifique, como si fuese el resultado de la operación de una mano invisible.

La naturaleza no solo ha forzado al hombre a vivir en sociedad a través de una diversidad de deseos que pueden ser satisfechos solo a través de la ayuda mutua, sino que también ella ha implantado en él un sistema de afectaciones sociales que aunque no son necesarios para su existencia, son escenciales para su felicidad – Thomas Paine, en Los Derechos del Hombre

Estas ideas armonizan muy bien con la prescripción que hace el minimalismo existencial en cuanto a concentrarnos en un núcleo de personas con las que podamos construir conexiones fraternales verdaderamente genuinas.

Pero también encuentran eco en otras reflexiones minimalistas sobre cómo desarrollar virtudes interpersonales aplicables de manera más general. Por ejemplo, en una entrada reciente en su blog titulada Una Guía para la Compasión Práctica, Leo Babauta plantea plantea lo siguiente:

¿Cómo encontrar empatía con miles de personas? Es casi imposible… la compasión aplicada puede ser un asunto complejo. Mucho más fácil aplicarlo individualmente… hay mucho sufrimiento dentro de nosotros mismos, y cuando nos concentramos en aliviarlo, tenemos un modelo que puede ser aplicado por otros… puede que el método que funcionó para mi no funcione para todo el mundo, pero funcionará para algunos que podrán replicarlo y enseñar su propia versión a los demás, probar métodos de otra gente y crear nuevos métodos para probar con otras personas… algo así como una red de compasión de código abierto… y así uno alivia su propio sufrimiento, y es una forma egoísta de compasión. Pero es la única forma de compasión que existe.

Individualismo social y minimalismo

Los individualistas radicales son “individualistas sociales” en el sentido de que enfatizan el desarrollo personal autónomo y la capacidad de juicio independiente como virtudes.

Aunque suele pensarse que la ética clásica difiere escencialmente de la moderna en que la primera enfatiza el honor y la vergüenza, dándole mayor importancia a cómo nos evalúan los demás que a cómo uno se evalúa a sí mismo con criterios de integridad interna, Long nos recuerda que aunque puede haber algo de cierto en ésto en cuanto a la moralidad popular de la época, los filósofos clásicos en su mayoría tienden a quitarle importancia a la opinión pública y el status social.

Por ejemplo, en La República de Platón, Sócrates le dice a Trasímaco que el hombre virtuoso mide su éxito como lo haría un músico experto: en términos de cómo uno se compara con un estándard objetivo, en lugar de qué tanto mejor uno se desempeña en comparación con otras personas.10 Los cínicos también acentúan el ser fiel a uno mismo y rechazar el conformismo, incluso hasta el punto de estar dispuestos a copular o defecar en público, llevando al límite la idea de que cualquier acción que no sea intrínsicamente objetable no puede hacerse objetable por desaprobación social.

Ayn Rand puede que le haga un guiño a los cínicos cuando escribe en “El Manantial” sobre su héroe individualista ficcional, Howard Roark: “Para él, las calles estaban vacías. Hubiese podido caminar por ahí desnudo sin ningún problema”.11

Pero al igual que los cínicos (que se definían como “ciudadanos del mundo”), Rand no define esa independencia como antisocial. En una escena posterior, escribe:

Roark se paraba frente a ellos tal como cada hombre se para en la inocencia de su propia mente. Pero Roark se paraba de esa manera frente a una grupo de gente hostil — y de inmediato se daban cuenta de que él no era capaz de albergar odio. En el destello de un instante aprehendían la manera de su consciencia. Se preguntaban a sí mismos: ¿Necesito la aprobación de los demás? ¿En realidad me importa? ¿Estoy atado? Y durante la brevedad de ese instante, cada uno de ellos se hacía libre — lo suficientemente libre como para sentir benevolencia por cualquier otro hombre en la habitación.12

O como lo expresa Long a manera de conclusión: “para los individualistas radicales la independencia es la base de la benevolencia, no el obstáculo para alcanzarla: cuando impedimos que las opiniones de los demás determinen nuestro destino, el otro pierde poder sobre nosotros y deja de ser una amenaza para nuestra felicidad, por lo que el miedo y el resentimiento que de otra manera podríamos sentir hacia ellos se convierte en un sentimiento de compañerismo”.

La traducción de este principio al minimalismo existencial sería el abocarnos al arte de eliminar la gran cantidad de prejuicios sociales que nos condicionan y nublan nuestra capacidad de descubrir los valores que verdaderamente nos definen.

De nuevo, Leo Babauta nos da un buen ejemplo reflexionando sobre la importancia de expresar sinceramente nuestros valores fundamentales sin que nos importe las consecuencias:

Hasta no hace mucho tiempo (menos de un siglo) uno podía decir que era socialista y a nadie le parecía demasiado raro. Geroge Orwell, Betrand Russell, Vonnegut, Einstein, Steinbeck, Hemingway, Jack London… todos eran socialistas de uno u otro tipo. Ahora es visto como contrario al “Estilo de Vida Americano”. Yo soy un socialista. No apoyo el socialismo de estado, me considero más bien un mutualista o un anarquista pacífico. Tengo que añadir “pacífico” porque la gente asume que los anarquistas quieren andar por ahí tirando bombas, cuando en realidad yo no creo en la violencia ni en el derrocamiento violento de los gobiernos. Creo que le hemos dado demasiado poder a las corporaciones sobre nuestras vidas y nuestra sociedad, que nos han convertido en máquinas consumistas, que deberíamos tener la libertad de dirigir nuestras propias vidas, y recuperar el poder que les hemos cedido a las corporaciones haciéndonos autosuficientes. Esto probablemente plantea más preguntas de las que contesta, pero las preguntas siempre son buenas.

Individualismo económico/político y minimalismo

La idea de la superioridad del orden social espontáneo respecto a la planificación gubernamental deliberada encuentra su máximo esponente dentro de la tradición individualista radical en Friederich A. Hayek, siendo el tema central de su trabajo el estudio de cómo los incentivos de mercado sirven para coordinar los planes de los individuos a través de la “utilización de conocimiento que nadie posee en su totalidad”.13 Lo que nos enseña el individualismo, insiste,

…es que la sociedad es más grande que el individuo solo si es libre. En la medida en que es controlada o dirigida, quedará limitada a los poderes de las mentes individuales que la controlen o la dirijan.14

El minimalismo existencial también es radicalmente individualista tanto política como económicamente. Mientras más control tengamos sobre el aspecto económico en nuestras vidas, más libertad tendremos para elegir libremente los proyectos, las personas y las actividades a las que queremos dedicar nuestro tiempo y esfuerzo.

Por eso gran parte de la blogsfera minimalista promueve el trabajar para uno mismo, ya sea como freelancers o montando pequeños negocios. Y es lógico esperar que el minimalismo existencial sea adoptado por un número creciente de personas a medida que el avance tecnológico acelerado de la era de la información reduce la escala óptima de producción, impulsando una liberación creciente de los mercados. Y viceversa: mientas más gente se anime a minimalizar su existencia e independizar su vida lo más posible de la influencia de las corporaciones y el estado, más libres se harán los mercados y la sociedad en general.

***

Fotos por Aleix Torres, Bob May


  1. Lamentablemente el ensayo de Long solo se encuentra disponible en inglés, por lo que la traducción de su título es mía: “Las Raíces Clásicas del Individualismo Radical“, Social Philosophy and Policy, Vol. 24, No. 02. (2007), págs. 262-297 

  2. Es decir, que los fenómenos sociales deben ser explicados y entendidos en términos de los deseos, elecciones e intereses de los individuos, y consideran que las exigencias morales son legítimas si y solo si cuadran con esos deseos, elecciones e intereses. 

  3. Como razón adicional Long argumenta, aludiendo a un sentido más filosófico del término “radical”, que los organicistas tienden más a ver los fenómenos sociales como orgánicamente interconectados a través de las esferas política, económica y cultural, por lo son más propensos a ver la solución de los problemas sociales en términos de cambios sistémicos amplios en lugar de remedios locales 

  4. Más precisamente, Long menciona, en el siglo XIX, a los liberales radicales franceses como Charles Comte, Charles Dunoyer, Augustin Thierry, Frederic Bastiat y Gustave de Molinari, e ingleses, como Thomas Hodgskin, William Thompson, Herbert Spencer, Auberon Herbert, Wordsworth Donisthorpe y hasta cierto punto John Stuart Mill; los anarquistas individualistas franceses como Pierre-Joseph Proudhon, Anselme Bellegarrigue y Molinari otra vez (aquí también cabría incluir a socialistas protolibertarios como Charles Fourier, que junto a Proudhon y Piotr Kropotkin influyeron en pensadores ibéricos como Fernando Garrido, Francisco Pi y Margall y Fermín Salvochea) y estadounidenses, como Josiah Warren, Stephen Pearl Andrews, Lysander Spooner, William Lloyd Garrison, Henry David Thoreau, Ezra Heywood, Moses Harman, Benjamin Tucker y Voltairine de Cleyre; en el siglo XX, a miembros de la escuela austríaca tardía como Ludwig von Mises, Friedrich A. Hayek, Murray N. Rothbard, Samuel E.Konkin III; y la “vieja derecha” libertaria estadounidense, como Albert Jay Nock, Frank Chodorov, Isabel Paterson, Ayn Rand, Rose Wilder Lane y Rothbard otra vez; y a otros pensadores que quedan fuera de estas categorías, como el sociólogo alemán Franz Oppenheimer, el sociólogo estadounidense William Graham Sumner, y el nihilista Ruso Nikolai Chernyshevsky. Yo me atrevería a incluir también a Michel Foucault en este grupo. 

  5. Específicamente, en “Sobre la Verdad” de Antifón y en las posiciones que Plato asigna a Galicles en las “Gorgias”, y a Trasímaco y Adimanto en “La República II” 

  6. Por ejemplo, Long cita a Herbert Spencer desarrollando la analogía de Aristóteles (la traducción es mía): “Es imposible hacerse una idea correcta de una parte sin una idea correcta del total… Si la parte es concebida sin ninguna referencia al todo, se convierte en sí misma en un todo — una entidad independiente; y sus relaciones con la exsitencia en general se malentienden… El proceso de cargar una pistola carece de significado hasta que se conocen las acciones subsiguientes llevadas a cabo con la pistola. Un fragmento de una oración, si no ininteligible, se hace difícil de interpretar en ausencia del resto… Supongamos que un ser que ignora el cuerpo humano se encuentra con un brazo suelto. Si no lo malinterpreta como un supuesto todo, en lugar de como una parte, aún le sería imposible explicar su relaciones a otras partes, y su estructura sería totalmente inexplicable. Incluso admitiendo que puediese adivinar la cooperación de sus huesos y músculos, de todas maneras le sería imposible hacerse una idea de la función que cumplía el brazo en la ejecución de las acciones del todo desconocido al que pertenecía; tampoco podría interpretar los nervios y vasos que se ramifican a través del brazo, que se refieren a ciertos órganos centrales. Una teoría de la estructura del brazo implica una teoría de la estructura del cuerpo como un todo”, Herbert Spencer, “Principios de la Ética”, Vol 1., ed. Tibor R. Machan (Indianapolis, IN: Liberty Fund, 1978), 37-38, citado por Long, ob. cit. 

  7. Long nota que el antifeminismo de Aristóteles es más bien una excepción en la tradición socrática: Platón admitía a mujeres en la academia, que vestían ropas masculinas, al igual que Hiparquía, que vivía con su esposo Crates de Tebas en términos de igualdad. Plutarco y Antístenes sostenían que ambos sexos eran igualmente virtuosos, y en su “Aspasia”, Esquines defendió la capacidad de las mujeres para gobernar. 

  8. “La preocupación principal de cualquier administrador de una república debe ser asegurarse de que cada persona pueda manetner lo que le pertenece, y que a las personas privadas no se les quite sus bienes por decreto público… ya que fue principalmente para asegurarse de que cada quien mantenga lo suyo que fueron establecidas las repúblicas y los estados. Porque aunque la asociación humana más básica es un impulso natural, fue con la esperanza de mantener la custodia de sus posesiones que la gente buscó la protección por parte de las ciudades… Así, tal como noté anteriormente, esta es la función especial de un estado y una ciudad: asegurar a cada persona la custodia ininterrumpida de sus posesiones”, Cicerón, De officiis, II.73, 78, citado en Long, ob. cit. La traducción es mía, a partir de la traducción al inglés de Long. 

  9. Por ejemplo, entre el materialismo y el dualismo en la metafísica, entre el interés propio y la benevolencia en la ética, y entre el “capitalismo” y el “socialismo” en la economía política. Más en general, el buscar trascender la dicotomía entre las concepciones éticas clásicas basadas en la virtud, y las concepciones políticas modernas basadas en la libertad, es un tema recurrente a lo largo de la tradición individualista radical. 

  10. Platón, “La República I”, 349a-350c, citado en Long, ob. cit. 

  11. Ayn Rand, “El Manantial” (New York: Signet, 1997), 17, citado por Long, ob. cit. La traducción es mía. 

  12. Ibíd. 679. Long también aclara que “debido a que Rand escribió positivamente sobre el ‘egoísmo’ y el ‘capitalismo’, usaba el signo del dólar como su símbolo personal y decía que el amor al dinero era ‘la raíz de todo bien’, suele asumirse que ella conceptualizaba la felicidad principalmente en términos de acumulación de riqueza material — lo cual ciertamente sería inconsistente con la tradición clásica y con la mayor parte de los individualistas radicales. Pero el hecho es que ella no estaba especialmente interesada en hacerse rica; para Rand, aquellos que ‘ponen el dinero por delante’ son ‘gente de segunda’ que buscan ‘mostrarse, deslumbrar, entretener, impresionar a los demás’, cayendo en el fatal error de hacer el juicio de los demás, en lugar del propio, su ‘poder motivador’ y su ‘preocupación principal’ (“El Manantial”, 606-609). El ‘amor al dinero’ de Rand no es tanto un amor del tener dinero sino un amor por el modo de interacción social que ella considera que el dinero representa: ‘El dinero es la forma material que toma el principio de que los hombres que desean llevar a cabo un esfuerzo conjunto deben hacerlo a través del intercambio y dar valor por valor’. Ayn Rand, “La Rebelión de Atlas” (New York: Signet, 1996), 380″. En “La Contribución de Ayn Rand a la Causa de la Libertad” Long ofrece una versión más completa de su reivindicación de la obra de Rand desde un punto de vista individualista radical. 

  13. Hayek, “Individualismo y Orden Económico” (Chicago: University of Chicago Press, 1948, 78, citado por Long, ob. cit. 

  14. Ibíd., 32. 

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15 thoughts on “El Minimalismo como Forma Radical de Individualismo

  1. Hay dos ideas que están relacionadas en la base tanto del individualismo atomista como del estatismo/universalismo: la idea de la sociedad como cuerpo cuyo componente básico es el individuo. La apuntas en relación a Hobbes, pero creo que al seguir a Delong dejas pasar un hilo importante sobre algo que es más que una metáfora.

    El cristianismo, a través de la figura del «cuerpo místico de Cristo» (la comunidad imaginada de los que recibían la comunión) definió una comunidad imaginada universalista en la que lo social requería de una mediación necesaria: el cura y el ritual que consagraban y repartían la Santa Forma.

    Con la monarquía absoluta, el cuerpo místico de Cristo transmuta en el cuerpo político del rey… que luego pasará, revolución francesa mediante, a ser el cuerpo de la nación. La mediación en ambos casos necesaria es el estado.

    Y si tomamos el lado protestante lo curioso es q negará esa intermediación de la Iglesia… solo para comunicar directamente a Dios con el individuo, pero al hacer eso convertirá a la comunidad social en innecesaria. Y al transmutar en modelo político la relación social será individuo-república, siendo la nación un cuerpo místico ya completamente abstracto «materializado» en el estado. Hegel.

    Desde mi punto de vista, el camino entero está equivocado. No se trata de fundamentar la comunidad real en el individualismo. El individuo no existe como sujeto político. Existe la comunidad real. Los individuos son autónomos al punto solo de elegir o construir su comunidad (o renunciar a cualquier comunidad, en cuyo caso desaparecen de lo político).

    Creo que esa fue la apuesta de Foucault, por eso su viaje final es al «hablar franco», es decir, encuentra el último núcleo de lo social, de lo político, en la definición de la conversación constituyente del sujeto… y del individuo que busca proyectarse en ella.

  2. Alan Furth says:

    “El individuo no existe como sujeto político. Existe la comunidad real. Los individuos son autónomos al punto solo de elegir o construir su comunidad (o renunciar a cualquier comunidad, en cuyo caso desaparecen de lo político).”

    Sí, eso me suena perfectamente razonable. Y es verdad que por más que el individualismo radical plantee al individuo como “ser escencialmente social”, no explica de donde emerge esa socialidad, que creo que es a donde apunta Foucault, que como dices, “encuentra el último núcleo de lo social, de lo político, en la definición de la conversación constituyente del sujeto…” en fin, tengo que puñalearme a Foucault para terminar de articular intelectualmente lo que intuoy :D Estoy empezando con el Yo Minimalista, pero creo que me dijiste que “La Genealogía del Racismo” es fundamental ¿no?; ¿alguna otra sugerencia?

  3. La genealogía del racismo explica muy bien el nacimiento de la comunidad imaginada nacional y, al final, su ligazón con el cuerpo (físico y político del Rey). Los dos cursos sobre el nacimiento de la biopolítica (y la Economía como «ciencia de gobierno» o medicina del cuerpo social) son básicos para entender como se configura el estado y el pensamiento estatal. Y finalmente los dos últimos cursos, donde llega a la parresía y el hablar franco empiezan a desmadejar las claves de la alternativa, de la conversación y la comunidad real.
    Luego, como te enamorarás de Foucault empezarás a escarbar en los intersticios, en las herramientas que construye para entender los saltos («las palabras y las cosas») y la configuración de las metáforas del poder y de sus relatos (la locura, la sexualidad, etc.). Pero esta parte, seguramente, aunque es apasionante, es seguramente contextual al discurso que F. va construyendo a lo largo de su obra (en mi lectura, claro…)

  4. Hola Alan! muy interesante el post y el blog entero. Lo sigo desde hace unos meses y me surge una duda que he intentado responderme leyendo tus posts más antiguos pero mejor te la planteo directamente :)
    Me resulta curioso que asocies el minimalismo existencial a cierto minimalismo estético, en concreto a arquitectos como Mies y, en especial, a edificios como el pabellón de Barcelona. También me “escama” la referencia al arquitecto del manantial. A ver, para mí el Mies del pabelló es muy barroco y la obsesión por la estética del personaje de Rand también. Pero esto no deja de ser una opción estética. Entiendo, por lo que te he leído, que el minimalismo existencial no va de estéticas concretas sino de elecciones sustanciales entre las que están las elecciones estéticas, y todas esas elecciones buscan encontrar y vivir según unos significados válidos para cada persona. Quiero decir, a Alan puede sigificarle mucho vivir en un entorno estéticamente identificado con el del Mies de Barcelona, pero a Ester puede que le signifique más vestir de una forma estéticamente identificada con, yo qué sé…, Alexander McQueen (bastante “barroco” él también a su manera), ¿me equivoco?
    Quizá el problema es que estoy sólo centrandome en esa identificación estética cuando tú a lo que quieres referirte es a las propuestas habitacionales o configuraciones y sistemas constructivos de la arquitectura más “minimal”. Ahí lo dejo para seguir charlando :)

  5. Alan Furth says:

    Bienvenida Ester! Encantado de que te guste lo que escribo. También sigo tu blog, aunque todavía no me haya encontrado ocasión para comentar :) Totalmente, el minimalismo existencial, como lo concibo, no tiene que ver con estéticas concretas. Mi uso de Mies es metafórico, porque sí creo que hay mucho de simplificar, de enfocar la atención y el esfuerzo en unas pocas cosas, personas, proyectos y actividades que son las que de verdad pueden aportar significado a la vidad de cada quien. La referencia al arquitecto del manantial ahí tampoco la pensé como ilustrativa del minimalismo en un sentido estético, sino como un ejemplo de lo que significa en general la independencia psicológica de la opinión generalmente aceptada que celebra el individualismo orgánico, y para ilustrar la reivindicación más general que hace Long de la obra de Rand: que a pesar de que lamentablemente se convertió en una bandera de buena parte del republicanismo estadounidense más ramplón, y del individualismo atomista por antonomasia, ella tenía un concepto más bien orgánico del interés propio — aunque a lo mejor lo haya expresado de manera un tanto confusa, abigarrada…

  6. No creo que sea abigarrada, el problema es que esa identificación estética se ha hecho mucho e, igual que haces tú con los conceptos de individualismo, habrá que hacer un trabajo de explicitación de matices y de “separar la paja del grano” también con la arquitectura :)
    La verdad en que estoy de acuerdo en que Mies se centraba en unas pocas cosas fundamentales y en el resto simplemente las solucionaba a “la manera” por lo que acaba en un cierto “barroquismo minimal” que muchos han identificado con el minimalismo. Igual con la figura del arquitecto de “El manantial” su esteticismo me parece “barroco” pero su frase “no trabajo para tener clientes sino que tengo clientes para trabajar” me parece grande. Aunque quizá incluso hayamos superado eso, y prefiramos “trabajar con nuestros clientes”
    A todo esto, no es que me meta con lo barroco, a veces me encanta! imposible vivir en el levante y que no sea así ;)

  7. Este es un artículo espectacular.
    Sorprendente la tupida red de referencias literarias y filosóficas. Estoy algo abrumado, en el mejor sentido de la palabra.

    Me gusta mucho la idea de “individualismo orgánico” frente a la de “individualismo atomista” . Es una muy buena caracterización.
    También me sorprende lo cerca que podemos estar del anarquismo mutualista de Leo Babatuta, que tiene raíces socialistas. Si el anarquismo mutualista no es coactivo, creo que puede subsistir perfectamente con un anarquismo más… capitalista o liberal, como quieras llamarlo.

    Creo que eres de los pocos (¡yo no conozco a nadie más!) que relacione tan profundamente el minimalismo existencial con las diversas nociones de individualismo.

    En fin, enhorabuena. Y gracias por tu aportación.

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