Armas de Destrucción Creativa

12904538_f21c33b9c9

Acabo de terminar de leer La Ética del Hacker y el Espíritu de la Era de la Información de Pekka Himanen.

Hacía tiempo que no sentía que leía un libro justo en el momento que tenía que leerlo. Me ayudó a integrar y asentar un montón de ideas relacionadas con el significado como clave para el trabajo verdaderamente gratificante sobre las que he estado reflexionando desde hace más de tres años.

Hacker, según Himanen, no es solo el desarrollador de software libre; es todo aquel que ve su trabajo como una actividad apasionada que le permite generar valor para la comunidad a través del uso creativo de su talento.

Es así como el libro, enfatizando la creatividad como la fuente que da significado a la actividad del hacker, rescata el concepto de la innovación como fuerza de cambio revolucionaro; concepto que ha sido tristemente devaluado como ninguno a fuerza de repetición marketinera, de mil y un libros escritos por gurúes de la gerencia corporativa durante las últimas tres décadas.

Y es que el concepto de innovación del que hacen uso y abuso las escuelas de negocio y sus gurúes se reduce casi siempre a una versión refrita de la destrucción creativa Schumpeteriana, que pensada como lo fue en el contexto del auge y consolidación del capitalismo industrial, denota una ceguera notable en cuanto a como el sistema de patentes hace el proceso mucho menos destructivo, y mucho menos creativo, de lo que puede ser en un mundo de mercados liberados de “derechos de propiedad intelectual”, en una sociedad predominantemente organizada en redes; en el capitalismo que viene.

De hecho, la centralidad de la libertad de acceso a la información como valor de la ética hacker, y como corolario, su promoción de la lucha contra el régimen de patentes, construyen un discurso que pone en cuestión uno de los bastiones fundamentales de la estructura de poder que sostiene al capitalismo industrial. Y dado el papel que han jugado las escuelas de negocio en la legitimación del ideal tecnocrático desde comienzos del siglo pasado, y de la clase profesional a la que pertencen la mayoría de aquellos que conforman la red de amigotes que capturan buena parte de las rentas generadas por el sistema, no es de sorprenderse que la “propiedad intelectual” se asuma como condición fundamental para esa versión light de innovación, diluída en su capacidad corrosiva de estructuras creadoras de escasez artificial.

La versión Schumpeteriana de la destrucción creativa es consistente con lo que Himanen identifica como concepto fundamental de la ideología que sustenta al capitalismo industrial: la “ética protestante del trabajo”, según la denominó Max Weber en su ensayo La Ética Protestante y el Espíritu del Capitalismo (1904-1905): la noción de trabajo como un deber que debe cumplirse con independiencia de en qué consista y sin importar demasiado si se basa en la utilización de las facultades personales del individuo.

Con todo, la tecnología siguió avanzando inexorablemente a pesar de los formidables obstáculos impuestos por el marco institucional del capitalismo industrial, lo que dispara, sobre todo a partir de la posguerra, la tendencia que promete volar en pedazos el orden económico actual de una manera mucho más drástica que lo que cabe concebir dentro del paradigma Schumpeteriano: la drástica reducción de las escalas óptimas de producción, preparando el terreno para la transición a la sociedad red.

El mensaje fundamental que tomé del libro de Himanen es que para hacerle frente a la inevitable turbulencia de la transición de manera resiliente, y he hecho, como condición fundamental para poder florecer económicamente en el capitalismo que viene, es inevitable sufrir un proceso de auto-transformación individual que nos libere de la ética protestante del trabajo y nos lleve a adoptar la ética hacker.

En este sentido, la literatura tradicional de gerencia es también en su gran mayoría inservible. Himanen hace un excelente trabajo de deconstrucción de las ideas propuestas por el movimiento de autoayuda liderado por autores como Anthony Robbins y Stephen Covey, demostrando que no son más que una re-adaptación ramplona de la ética protestante del trabajo adornada de metáforas computacionales de “auto-programación”, más útiles para sobrevivir haciendo carrera dentro de las cada vez menos relevantes jerarquías corporativas que para florecer en la sociedad red. Ni qué decir de otros mega-hits como ¿Quién se ha llevado mi queso? de Spencer Johnson, en el que se recomienda de manera casi descarada que la mejor manera de navegar la inevitable tormenta de cambios necesarios para superar la descomposición del sistema es pensar lo menos posible sobre sus causas fundamentales.

En cuanto al problema aún más crucial de cómo construir nuevas relaciones interpersonales y con el entorno para afrontar los múltiples problemas que acechan durante la transición, la literatura gerencial popular es, en general, aún más inservible. Si se entiende la estructura de incentivos inherente al sistema y su inevitable tendencia hacia la descomposición, es imposible evitar concluir que el concepto de “responsabilidad social corporativa” es un oxymoron insoslayable que no puede aportar nada a la discusión de como crear nuevas formas de cohesión social, de comunidades resilientes que no solo amortigüen el impacto de la crisis, sino que salgan fortalecidas en el proceso.

Para “exorcizarnos” de la ética protestante del trabajo y acercarnos a la ética hacker, el primer paso es dejar de racionalizar la profunda insatisfacción que podamos estar sintiendo en el plano laboral y aceptarla por lo que es: la consecuencia inevitable de la disfuncionalidad de un sistema social en descomposición.

Al menos en mi caso, ese primer paso me dio el coraje para hacer borrón y cuenta nueva, reorientando radicalmente mi carrera, y mi vida, hacia el significado.

El proceso es duro porque una vez comenzamos a sincerarnos con nuestra insatisfacción y aprendemos a descubrir todas las aspiraciones que hemos dejado de lado y los aspectos de nuestra personalidad que hemos reprimido para adaptarnos a una vida laboral convencional, se desata una cantidad enorme de energía psíquica que es, de nuevo, escencialmente destructiva, porque nos da la fuerza para derrumbar nuestro apego a un paradigma que hemos superado; pero si no logramos transmutar la destructividad de esa energía hacia la creatividad y el crecimiento, puede abrumarnos, confundirnos y hundirnos en la crisis.

Una vez dado el primer y fundamental paso de la autosinceración y aceptación de la necesidad de cambio, es imperativo que nos aboquemos a reconstruir nuestra manera de relacionarnos con el otro y de interactuar con nuestro entorno. Y para eso, pocas cosas hay mejores que abrir un blog y ponernos a escribir; porque escribiendo no solo aprendemos a encontrarnos, sino también a contarnos. Y contarse a través de un blog es la manera más fundamental y más pura de empezar a forjar conexiones genuinas y construir las comunidades en las que apoyarnos para aprender juntos a vivir arrebatados por el cambio. Verdaderas armas de destrucción creativa que hay que aprender a usar cuanto antes.

***

Foto por interarura

Standard

9 thoughts on “Armas de Destrucción Creativa

  1. Guau Alan, la verdad es que cada post tuyo me impresiona más que el anterior! Definitivamente estás construyendo uno de los relatos más potentes que pueden leerse en español en este momento. Gracias!

  2. Alan Furth says:

    Gracias a ti y a todos los indianos David! Subirse a hombros de gigantes como ustedes es definitivamente empoderador…

  3. Pingback: Enlaces compartidos

  4. Gracias por tan gran post! Parece apasionante el proceso en el que estás inmerso y lo seguiré atenta ;) Me has recordado que definitivamente tengo que leer íntegro el libro de Himanen, que he releí por encima el verano pasado. Por otro lado, me parece muy potente la idea de que las empresas tienen que cambiar para poder ofrecer una devolución a su entorno, por lo que dices de la responsabilidad social empresarial. Nunca lo había pensado así y es totalmente coherente… me lo anoto y pensaré más sobre ello. Lo dicho, fantástico y enriquecedor post!!

  5. Alan Furth says:

    Bienvenida Laura, muy interesante tu blog! Ya veo que vuestro viaje empezó también en el 2008 y que han llegado lejos… así que definitivamente el seguimiento va a ser recíproco ;)

  6. Pingback: Minimalizar el Consumo no es lo mismo que Minimizarlo | Mínimum Opus

  7. Pingback: La Guerra del Arte de Steven Pressfield

  8. Pingback: El cerebro dividido y la superación del descontento de la descomposición

  9. Pingback: The divided brain and the development of the discontent of decomposition

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>